Reserve entradas
news

El telégrafo óptico de Claude Chappe

En junio de 1789 un sacerdote francés Claude Chappe llegó a París. Dentro de unos días demostró su telégrafo o “semáforo”. La transmisión a una distancia de 15 kilómetros se realizó con éxito, pero el tiempo no era correcto: Francia en la víspera de revolución no estaba por invenciones: no prestaron ningún atención a las pruebas, unas partes del telégrafo fueron robados.

El fracaso no le impidió a Chappe seguir con los experimentos. Al volver a Brulon, su pueblo patria en el sur de Francia, se puso a perfeccionar su “semáforo” con la ayuda de sus hermanos. Pero otra vez chocó con obstáculos. Al ver las extrañas construcciones de madera los campesinos pensaron que Chappe estaba relacionado con revolucionarios.

Los campesinos destruyeron la construcción y amenazaron a los hermanos Chappe. Pero Chappe no se dejó abatir. Volvió a París y gracias a su hermano mayor Urban Chappe, diputado de asamblea legislativa, recibió el permiso a la construcción de 3 estaciones telegráficas (en Ménilmontant, Ecouen y Saint-Martin-du-Tertre).

La distancia entre las estaciones adyacentes era de casi 5 kilómetros

Entre los diputados había un aficionado a la física y la mecánica Charles-Gilbert Romme. Leyó la descripción del telégrafo de Chappe, la idea le impresionó mucho. En su reporte a la Convención de parte del departamento militar y el comité de la instrucción pública escribió:

“La necesidad de tener un medio de comunicación rápido, seguro y a larga distancia se siente desde siempre. Y en los tiempos de la guerra es especialmente importante informarse de sobre los últimos acontecimientos, remitir mandos, pedir ayuda inmediata por tierra y por mar.

Había muchos intentos de inventar algo por el estilo, pero casi todas las invenciones eran inconvenientes o incompletas. Este inventor nuevo propone una manera muy ingeniosa de escribir en el aire, mostrar algunas letras, simples como una línea recta, fáciles a distinguir, que se pueden transmitir fácilmente y a larga distancia”.

La Convención asignó el dinero para la construcción de una línea telegráfica de 210 kilómetros entre París y Lille. En julio de 1794 ya fue terminada. En la línea había 20 estaciones intermedias. Cada estación consistía en un mástil parecido a un semáforo ferroviario. En su extremo se giraban unos travesaños.  En total había 196 posiciones posibles. El aparato iba acompañado de un código asociado para las diferentes posiciones que podían adoptar los distintos elementos (las letras y las palabras más usadas). La dotación de cada estación telegráfica se componía de una o dos personas. Debían mirar regularmente a la estación anterior de la línea y copiar el mensaje transmitido para que lo vieron en la estación posterior.

La idea de un telégrafo de este tipo no es completamente nueva. Un escritor guerrero romano Vegecio Flavio describe los medios de transmisión de la información a través de barras montadas y bajadas. En el medio del XVII un almirante inglés duque de York (más tarde el rey de Inglaterra Jacobo II) ordenó arreglar un sistema de señalización entre los barcos.

Pero el mérito de Chappe fue en elaborar, construir y realizar una máquina ingeniosa, basándose en la idea del telégrafo óptico. Era posible cambiar las posiciones de las barras bastante rápidamente. Chappe creó un alfabeto convencional, encabezó la construcción de toda la línea de 210 kilómetros y enseñaba a los trabajadores de las estaciones. El telégrafo de Chappe y el semáforo de los tiempos romanos se parecen sólo en apariencia.

El 1 de septiembre de 1794 París recibió el primer telegrama por el telégrafo de Chappe. Lille informó la Convención nacional que las tropas de la república francesa habían vencido a los austriacos. El telegrama tardó 3 horas en llegar. Para el siglo XVIII era una rapidez increíble, la Convención se quedó muy impresionada (después el telegrama de Brest a París tardaba 7 minutos, de Colonia a Berlín – 10 minutos). El gobierno nacional creó un departamento telegráfico, encabezado por Chappe (que fue nombrado ingeniero telegráfico).

Unos años después Napoleón se sirvió de las líneas construidas por Chappe. En abril de 1809 los austriacos ocuparon Bavaria y asediaron Munich – París recibió esta información por telégrafo óptico. Napoleón llegó a ayudar a Bavaria muy pronto.

Podemos ver la impresión sobre el invento de Chappe que tenían los contemporáneos en un extracto de una novela de Alexandre Dumas “El conde de Monte-Cristo”. La novela apareció en 1845, en los últimos años de existencia del telégrafo óptico.

El conde Monte-Cristo dice a los Villeforts: “Varias veces he visto en un camino sobre un montón de tierra, levantarse esos brazos negros semejantes a las patas de un inmenso insecto, y nunca sin emoción, os lo juro, porque pensaba que aquellas señales extrañas hendiendo el aire con tanta precisión, y que llevaban a trescientas leguas la voluntad desconocida de un hombre sentado delante de una mesa, a otro hombre sentado en el extremo de la línea delante de otra mesa, se dibujaban sobre el gris de las nubes o el azul cielo, sólo por la fuerza del capricho de aquel omnipotente jefe».

El telégrafo de Chappe desde luego tenía muchas desventajas. Había que colocar las estaciones muy cerca una a otra, si no el mensaje resultaba distorsionado.

Pero la mayor desventaja del telégrafo era su dependencia de las condiciones climáticas. Funcionaba solamente cuando hacía buen tiempo.

A pesar de todas estas desventajas la invención de Chappe era algo revolucionario y nuevo. Se usaba mucho en Francia y otros países. En 1795 lo construyeron en Suecia, en 1796 – en Inglaterra, en 1892 – en Dinamarca, en 1832 – en Prusia, en 1835 – en Austria. En Rusia el telégrafo de Chappe después de pequeños mejoramientos fue construido en 1833 entre San Petersburgo y Warsaw. La línea funcionaba bastante bien: el telegrama a distancia de mil kilómetros tardaba una hora. La línea existió por unos 20 años, después la cambiaron por una línea del telégrafo eléctrico de Siemens.

Después de que la línea París-Lille fue abierta, en Moscú apareció un folleto “La descripción detallada y completa del telégrafo, una máquina a escribir a distancia recién inventada”. En este folleto se describía “la grande habilidad” del telégrafo de Chappe.

En Europa el telégrafo óptico de Chappe existió hasta los años 1840. En los años 1830 se utilizaban también en los ferrocarriles, cuya velocidad a lo largo de la línea habría sido impensable sin el telégrafo. Los semáforos contemporáneos son en realidad una variedad simplificada del telégrafo de Chappe.

Inicialmente Chappe con sus experimentos fue objeto de burla. Cuando se hizo famoso por su semáforo, había gente que no creía que Chappe hubiera sido el primer inventor del telégrafo óptico,  firmando que la gente utilizaba este tipo de señales desde siempre. Todo esto impresionó mucho a Chappe. El 23 de junio de 1805 encontraron su cuerpo en un pozo. Chappe escribió: “Decidí de suicidarme para liberarme de este pésimo estado de ánimo. No hice nada para sentirme culpable”.

El telégrafo óptico de Chappe existió por unos 50 años, hasta que fue sustituido por el telégrafo eléctrico.

I. Budovnits. «El semáforo de Chappe”. “Técnica para jóvenes”. № 4. 1937.